31 diciembre, 2005

:: utopía 2006 ::


Para ser grande, sé entero: nada
Tuyo exageres o excluyas
Sé todo en cada cosa. Pon cuánto eres
en lo mínimo que hagas.
Así la luna entera en cada lago
Brilla, porque alto vive.
Fernando Pessoa (1888-1935)

26 diciembre, 2005

La posibilidad de una isla -

“Ninguna cultura del espíritu, me recordó, había sido capaz de desarrollarse jamás en las sociedades con un alto índice de delincuencia, simplemente porque la seguridad física es la condición del pensamiento libre, y ninguna reflexión, ninguna poesía, ningún pensamiento mínimamente creativo ha logrado nacer nunca en un individuo que tenga que preocuparse de su supervivencia, que tenga que estar siempre en guardia. Una vez asegurada la conservación de nuestro ADN, potencialmente convertidos en inmortales, íbamos a encontrarnos, prosiguió, en las condiciones de absoluta seguridad física, en las condiciones de seguridad física que ningún ser humano había llegado jamás a conocer, nadie podría prever lo que resultaría, desde el punto de vista del espíritu”

Michel Houellebecq – La posibilidad de una isla

10 diciembre, 2005

alarmas y sorpresas -

es extraño,
es extraño cómo te extraño.
Alarmas y sorpresas,
llamadas perdidas,
que no llego a contestar.

("this is my final fit,
my final bellyache with
no alarms and no surprises
no alarms and no surprises
no alarms and no surprises,
please" -
radiohead)

gracias Agustin x la imagen!

03 diciembre, 2005

el sujeto desgarrado -

No encuentro paz, y no tengo con qué combatir
y temo, y espero; y ardo, y soy un hielo;
y vuelo sobre el cielo, y yazgo en el suelo;
y nada aprieto, y todo el mundo abrazo.

Alguien me tiene en una prisión y no la abre ni cierra,
y no me considera suyo ni suelta el lazo;
y no me mata Amor, y no me libra,
y no quiere verme vivo ni me salva.

Veo sin ojos, y no tengo lengua, y grito;
y mi anhelo es morir, y pido ayuda;
y a mí mismo me odio, y a otro ser amo.

Nútreme dolor, y llorando río;
igualmente me hastían muerte y vida:
en este estado estoy por vos, señor.

Petrarca - El sujeto desgarrado: Soneto 134

las democracias son dulces -


"Después de haber tomado así alternativamente entre sus poderosas manos a cada individuo y de haberío formado a su antojo, el soberano extiende sus brazos sobre la sociedad entera y cubre su superficie de un enjambre de leyes complicadas, minuciosas y uniformes, a través de las cuales los espíritus más raros y las almas más vigorosas no pueden abrirse paso y adelantarse a la muchedumbre: no destruye las voluntades pero las ablanda, las somete y dirige; obliga raras veces a obrar, pero se opone incesantemente a que se obre; no destruye, pero impide crear; no tiraniza, pero oprime; mortifica, embrutece, extingue, debilita y reduce, en fin a cada nación a un rebaño de animales tímidos e industriosos, cuyo pastor es el gobernante.
Siempre he creído que esa especie de servidumbre arreglada, dulce y apacible, cuyo cuadro acabo de presentar, podría combinarse mejor de lo que se imagina con alguna de las formas exteriores de la libertad, y que no le seria imposible establecerse a la sombra misma de la soberanía del pueblo.
En nuestros contemporáneos actúan incesantemente dos pasiones contrarias; sienten la necesidad de ser conducidos y el deseo de permanecer libres. No pudiendo destruir ninguno de estos dos instintos contrarios, se esfuerzan en satisfacerlos ambos a la vez: imaginan un poder único tutelar, poderoso, pero elegido por los ciudadanos, y combinan la centralización con la soberanía del pueblo, dándoles esto algún descanso. Se conforman con tener tutor, pensando que ellos mismos lo han elegido. Cada individuo sufre porque se le sujeta, porque ve que no es un hombre ni una clase, sino el pueblo mismo, quien tiene el extremo de la cadena. En tal sistema, los ciudadanos salen un momento de la dependencia, para nombrar un jefe y vuelven a entrar en ella.
Hoy día hay muchas personas que se acomodan fácilmente con esta especie de compromiso entre el despotismo administrativo y la soberanía del pueblo, que piensan haber garantizado bastante la libertad de los individuos, cuando la abandonan al poder nacional. Pero esto no basta, la naturaleza del jefe no es la que importa, sino la obediencia"
La Democracia en América - Alexis de Tocqueville